Buena parte de los episodios épicos de la narrativa chavista tienen un detonante y es el amanecer, quizá por aquello del factor sorpresa o quizá por el romanticismo del discurso. Fue una madrugada del 4 de Febrero de 1992 que con la intención de derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez que Hugo Chávez y su banda de golpistas dieron aquella intentona que terminó con 32 muertos. Fue una madrugada que volvieron a intentar otro golpe el 27 de Noviembre de ese mismo año, esta vez matando a 171 personas según cifras oficiales, fueron dos madrugadas que avisaban al país aquella etapa histórica marcada por la tragedia.

Al régimen le gustaba el amanecer, hasta que el amanecer los sorprendió

Siempre que se tocaba el tema desde la amenaza de ataques por tierra de Estados Unidos al régimen chavista y el contexto del lanzamiento de la operación “Lanza del Sur”, mi respuesta era la misma entre quienes teníamos esa conversación sobre política, lo que pueda o no pueda pasar e hipótesis, nada fuera de conversaciones de compañeros exiliados. Yo siempre terminaba esas charlas con un: “amanecerá y veremos”.

Y amaneció…

La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el 3 de enero llego al estilo que le solía gustar al chavismo: de madrugada. Una que no voy a olvidar en toda mi vida, aquel verdugo que patentó la “dieta de Maduro” (forma en que denominó a la gran hambruna venezolana del 2016), aquel heredero del totalitarismo y estado represor, aquel que tantos queríamos ver tras las rejas enfrentando a la justicia; era capturado. Parecía una escena digna de un final épico para tan trágica historia. Una celebración que dentro del país se sintió en el más profundo silencio, ya que expresar felicidad por la caída de la cabeza de una tiranía aun establecida todavía es un delito grave. Sin embargo, aquella acción que termino con imágenes para la historia, de aquel “intocable” siendo llevado como el delincuente que es por la DEA, es todavía el primer paso en un largo camino por transitar hasta el fin de la tiranía y el desmantelamiento del narco estado.

Desde entonces la presión hacia el régimen ha sido abismal, Estados Unidos ha dejado claro que ante una nueva escalada, irían por los siguientes de la línea de sucesión de Nicolás Maduro. Y que deberían de seguir de ahora en adelante sus reglas de juego para una transición definitiva hacia la democracia.

Pero aún quedan bastantes figuras para desmantelar a la tiranía, por solo mencionar a Diosdado Cabello como pilar del chavismo radical, Vladimir Padrino López como el soporte militar y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez como los principales engranajes políticos. Estos últimos son de mucha importancia entendiéndose un poco sus antecedentes y el papel clave que destacan dentro del chavismo en episodios donde el descaro y frialdad política que les caracteriza han permitido al régimen preservarse.

Diferenciar “cooperación” con garantías

Desde el día 1 en que asume Delcy Rodríguez la presidencia interina, para el chavismo la narrativa de “secuestro” es la que reina según la propaganda oficial, sectores defensores del chavismo hablan de derecho internacional y de Maduro como “prisionero de guerra” cuando 687 personas según el foro penal venezolano al 6 de febrero del presente año son presos políticos, muchos de ellos capturados por organismos del estado venezolano en una auténtica modalidad de secuestro. Existe un mito de violación a la soberanía nacional, cuando Venezuela fue administrada desde influencias de La Habana por muchos años, se ignora incluso que la guardia personal de Maduro (hasta el momento de su captura) estaba compuesta por militares cubanos. Entonces, ¿de qué soberanía se está hablando?

Para la narrativa chavista, Maduro sigue siendo el presidente legítimo quien “dejó” los lineamientos ante una supuesta intervención estadounidense, en algunas voces del chavismo se escucha descontento por acercamiento a EEUU y otras caras de la política pretenden lavar la cara al régimen como si Delcy Rodríguez fuese algo completamente distinto. Ahora el régimen en su narrativa oficial habla de entendimientos y cooperación, y aplica ciertos cambios que pareciera dar un giro radical hacia el desmantelamiento del aparato totalitario que gobierna Venezuela.

Pero como dice el dicho “el diablo está en los detalles”. Empezando por la más reciente ley de amnistía, que pretende dar por conciliados hechos de violencia política en Venezuela desde 1999 y por la que el régimen promete liberar a los presos políticos. No es primera vez que se habla de amnistía en Venezuela, ya hubo un proyecto de “Ley de amnistía y reconciliación nacional” promovido por la Asamblea Nacional en el 2016 cuando era de mayoría opositora y rechazado en múltiples ocasiones por Nicolás Maduro y otros voceros del chavismo. Se tuvieron que esperar 10 años para que el régimen fabricara una ley de amnistía prácticamente reciclada de aquella legislatura pero de forma administrada en medio de presiones por parte de Estados Unidos. Pero el problema está en el resto de instrumentos que siguen vigentes hasta la fecha y que no garantizan una verdadera “reparación de heridas” según Delcy Rodríguez. Aún siguen vigentes la ley contra el odio que permite sanciones penales contra disidencia y criminalización de críticas al régimen, la ley contra el fascismo que en base a definiciones ambiguas y arbitrarias de “fascismo “ que se traduce en persecución a opositores, la ley Simón Bolívar que penaliza a quienes apoyen sanciones contra el régimen y otros instrumentos legales que el chavismo tiene a su favor para en la medida que van liberando presos políticos que ya reconocen; pueden seguir encarcelando personas que hayan cometido un “crimen de odio” y muy probablemente fuera del amparo de la ley de amnistía que promueven actualmente.

Otra señal de cooperación según su narrativa es el cierre del helicoide, el centro de torturas más grande de América Latina y antigua sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN, la policía secreta) para convertirlo en un espacio comercial, deportivo y social. La realidad es que el helicoide es el símbolo de la tortura en el país, pero no es el único centro operativo. Desde los sótanos de la sede oficial del SEBIN en Caracas, donde se encuentra “la tumba”, se contabilizan al menos 90 centros de tortura en Venezuela. No puede haber garantía de reconciliación o reparación de heridas según la narrativa chavista si el aparato de torturas, desapariciones y secuestro sigue funcionando, por mucho que aquel símbolo del terror este supuestamente en desmantelamiento.

Todavía faltan respuestas acerca de los colectivos armados por parte del chavismo, grupos paramilitares encargados de ser fuerzas de choque, vigilancia y parte del aparato de persecución del régimen que, sigue siendo el brazo armado activo más cercano y libre de atacar a la población civil sin distinción. Todavía faltan respuestas acerca del desfalco a la nación por parte de los propios líderes del régimen y garantías acerca de este tema que no se queden en purgas internas o gestión de daños ante la corrupción que ha saqueado los recursos del país a manos de funcionarios del régimen. 

El tiempo es oro para los hermanos Rodríguez

Bien lo afirmaba cuando se aprobó la ley de amnistía del 2026 el presidente de la Asamblea Nacional del régimen, Jorge Rodríguez: “no tenemos mucho tiempo”. Tanto este individuo como la presidenta interina de Venezuela han sido piezas clave de la tiranía chavista en antiguas mesas de negociación y procesos de diálogo con la oposición que el régimen nunca cumplió. Un patrón repetitivo de estos eventos de supuesto acercamiento y negociaciones por gobernabilidad, elecciones libres y otras demandas que se han intentado es que en estos intentos de negociación siempre el que termina beneficiado es el régimen en función de cuánto tiempo pueden extender para sus próximas jugadas que impliquen aferrarse más en el poder. Podrán tener temor de nuevas arremetidas contra ellos, pero siendo los operadores políticos del régimen, estoy seguro de que tienen bastantes cartas que jugar para alargar los tiempos que dispuso la administración Trump para una transición democrática en Venezuela.

Recordemos que el presidente Donald Trump enfrenta unas próximas elecciones de medio término este año, ante un escenario donde el resultado sea desfavorable. Es probable que el congreso de EEUU limite entre muchas cosas, las acciones de la administración respecto a Venezuela. Es importante destacar que un precedente de estos límites fue el acontecido en enero de 2026 cuando por un estrecho margen el congreso rechazo una resolución que limitaba a la Casa Blanca de actividades militares en Venezuela sin autorización. Este escenario hipotético de fricciones entre poderes es perfecto para el régimen encabezado por los Rodríguez no para escalar la situación, sino para retroceder cada señal de cooperación y volver al punto muerto.

El punto de partida

El panorama parece estar determinado por el tiempo que mientras a unos se les agota, otros lo buscan de explotar para no ser el próximo en la lista de capturados desde la justicia extranjera o eliminados por purgas internas dentro del régimen. Lo que aparenta ser cierto en el escenario actual es que si algo necesitan los Rodríguez, es que su estrategia de siempre de obtener “oxigeno” en supuestos gestos de cooperación les permita con el trascurrir de los meses seguir con su plan y nuevamente fortalecer al régimen si el panorama para la otra parte de la mesa se vuelve contrario.

Algo que nos debe dejar este suceso con el que inicio este convulso 2026, especialmente para las víctimas es nuevamente la oportunidad de alzar la voz y desmontar las narrativas que apartan la mirada de los hechos. Han sido 27 años de atropellos, abusos, persecución, destrucción de la identidad nacional, rechazo a la historia, torturas y muertes, del mayor éxodo en la historia de occidente, de una nación robada y sustituida por un narco estado. A pesar del primer paso, Venezuela todavía necesita muchas garantías de no retorno al negro capítulo de la revolución bolivariana. Para ello es necesaria aun la presión internacional y la acción de la ciudadanía; entender tanto el poder de la resistencia y desobediencia civil en tiempos donde las tiranías flaquean además del acompañamiento de naciones aliadas como también comprender el peligro de pescar en rio revuelto cuando la maquinaria chavista también tiene dispuesta su propia oposición complaciente que vela por “el debido proceso y respeto a las instituciones” mientras se ocultan horrores que son deber de la ciudadanía de exponer a la luz para que por medio de la memoria histórica, generaciones futuras se comprometan a no repetir este capítulo. Una verdadera transición será aquella en la que el chavismo siendo un aparato contrario, nocivo y peligroso a los principios democráticos de una república este completamente depurado a nivel político y social de la Venezuela que apuesta a reencontrarse consigo misma.

He presenciado el colapso de Venezuela a manos del chavismo, viendo los sueños de millones caer en desgracia. Sobreviví un intento de asesinato por parte del régimen por alzar mi voz contra su barbarie y llamar a la lucha no violenta. Sobreviví para ver caer a aquel que bailaba mientras mataban a la juventud de la nación, sobreviví para contar mi historia, una de millones como memoria de una etapa oscura en nuestra historia; una cuyo fin aun veo un poco lejos, pero espero seguir viviendo para verla terminar.

Este articulo lo escribo desde una perspectiva aliviada, mientras Maduro siga amaneciendo tras las rejas, yo seguiré amaneciendo con la certeza de que aun el bien puede triunfar ante el mal y que la justicia siempre llega tarde o temprano. También sin perder mi perspectiva realista, como he dicho; todavía es un paso en un largo camino por transitar. Pero el poder tan solo haber sobrevivido para ver al tirano caer, entre muchos que murieron injustamente por un país mejor;  no me quita la idea de que quizá entre la oscura etapa histórica llamada chavismo estemos viendo la luz al final del túnel llamada libertad.

Mientras tanto: Amanecerá y veremos…